lunes, 9 de marzo de 2015

Teología y Coaching: dos disciplinas complementarias

Por Juan Anderson Mayorquín Montaño

“Padre Edison, usted lo hace muy bien como sacerdote;  pero estoy en desacuerdo cuando afirma que usted no serviría para ser coach”, esta ha sido mi conclusión después de haber tenido una larga, amena pero también por momentos, tensa conversación con un amigo sacerdote; charla que terminó con la celebración de la Eucaristía que él presidió y yo canté.

Esta reflexión que a manera de artículo deseo presentar, surge precisamente del diálogo construido con este viejo amigo sacerdote. Y es que querer defender el coaching, su contenido y sus poderosos alcances frente a la Tradicional manera de hacer las cosas que los “benditos curas” tienen, es una tarea no sólo irrenunciable sino también maratónica. Lograr que el coaching  permee las estructuras eclesiales como lo ha hecho con las organizacionales y las personas, me ha resultado muy interesante.

Empecemos… o mejor Continuemos.
Teología y coaching titula el artículo porque busca reconciliar estas dos disciplinas que tienen su propia y singular manera de concebir al hombre y de ofrecerle herramientas para su crecimiento. Y es acaso una “disciplina”? me preguntaba el sacerdote; yo trataba, en vano, de explicar que más que herramienta de desarrollo, el coaching era una disciplina que no solo está relacionada con el comportamiento de las personas sino también con sus actitudes. Pero el coaching quiere ser mucho más que una disciplina;  Explicarle a este sacerdote fue todo un desgaste; desgaste que sin duda él mismo ha tenido que experimentar tratando de argumentar que la Teología es una ciencia frente a los escépticos científicos con los que se encuentra. Qué ironía!
Durante mis más de 8 años de estudio teológico y muchos más de reflexión y prácticas teológicas, he descubierto que el aporte más significativo que la teología puede hacerle al hombre y a la mujer de hoy es ayudarle a encontrar horizontes de sentido; motivos por los cuáles querer vivir, querer creer, querer crecer.
Es precisamente en la triada querer vivir – querer creer y querer crecer en la que encuentro cómo la Teología y el Coaching se relacionan y complementan.

HORIZONTES DE SENTIDO PARA QUERER VIVIR

La doctrina moral de la Iglesia abarca la existencia toda del ser humano creyente; su objetivo es mostrar el camino e indicar los pasos para que el correcto relacionamiento de los hombres entre sí y con Dios. En un sentido similar, el coaching se ocupa del sentido de vida; pregunta sobre las distintas formas de ser y acompaña el camino del coachee al éxito. Un coaching potente renueva el deseo de vivir pues logra redescubrir una vida estimulante y con sentido.
Después de un proceso de coaching, podemos convertimos en personas conscientes de nuestro potencial para seguirlo desarrollando y de los aspectos limitantes, para trabajarlos con responsabilidad; sin ambigüedades y con herramientas concretas para lograrlo.
Mi amigo, sacerdote, afirmaba que la teología y especialmente la dirección espiritual se orientan a esto mismo; sin embargo quería dejarme claro, que es Dios mismo quien empieza este proceso, lo sostiene y le da feliz término.

HORIZONTES DE SENTIDO PARA QUERER CREER

Hay un elemento (virtud teologal lo llama el magisterio de la iglesia) que es la base de toda verdad sobre Dios y lo que anima su seguimiento: la fe. La misma Sagrada Escritura cita que si una persona tiene fe al menos del tamaño de un granito de mostaza, podría decirle a una montaña: muévete y ésta lo haría. (Cfr Mt 17,20). La fe es el sustento del creyente y el motor de la esperanza en las promesas de Dios. La teología reflexiona permanentemente sobre los contenidos de la fe y los reformula de tal manera que sean entendibles para el creyente de cada época y cultura; está constantemente estimulando la respuesta positiva del creyente frente al plan de Dios, y alimenta la tensión escatológica.
El coaching te lleva a creer. Sin negar o afirmar la existencia de Dios (pues no se ocupa de esto), el coaching parte de la premisa de que el coachee, ¡puede!: Puede ser mejor, puede crecer más, puede saber más, puede desarrollarse más y mejor. El coaching conduce a la persona por un camino de autoconocimiento para que recupere o encuentre la fe en sí mismo. Este proceso de autoconocimiento pone sobre los hombros de la misma persona la orientación que le ha dado y le puede dar a su vida.

HORIZONTES DE SENTIDO PARA QUERER CRECER

Por último, encuentro especial relación entre la Teología y el coaching porque los dos ayudan al ser humano a encontrar motivos para querer crecer. Un creyente convencido y entregado a su fe, se pondrá los más altos compromisos de santidad y pureza, de caridad con el prójimo y de disciplina con su religión.
El coaching por su parte, ofrece caminos para que la persona no descanse hasta lograr lo mejor de sí, fijándose estándares de calidad y excelencia; Los procesos de coaching buscan que el desempeño de las personas nunca esté por debajo de su potencial, que sus ambiciones sean grandes y sus metas más altas, alcanzables.

Espero que cuando el padre Edison vea este artículo, considere al coaching como una oportunidad de complementar su saber y praxis pastoral y de ofrecer un servicio más integral a sus fieles. En un mundo globalizado como el que nos ha tocado vivir, ser fieles a un único saber o disciplina es un suicidio intelectual innecesario.

Gracias por leerme.

Juan Anderson Mayorquín Montaño.
Teólogo, coach profesional, magister en desarrollo organizacional


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